Aunque todos los hombres desean conocer la verdad, hay muy pocos que gocen de ese privilegio: unos son incapaces de buscarla por sí mismos, otros no quieren esforzarse en ello. No hay que extrañarse, pues, si el mundo está lleno de opiniones vanas y ridículas: la ignorancia es lo que más fácilmente puede darles curso; es la única fuente de las ideas falsas que hay sobre la divinidad, el alma, los espíritus y casi todos los demás objetos propios de la religión. La costumbre ha prevalecido; nos atenemos a los prejuicios del nacimiento y a propósito de las cosas más esenciales nos rendimos ante personas interesadas que tienen por ley sostener con empecinamiento las opiniones recibidas y que no se atreven a rebatirlas por miedo a destruirse a sí mismos.

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Eso senti cuando lo escuchaba ayer a Olmedo…
Che me dieron ganas de leer el tratado entero! donde lo podré conseguir?
ahi lo encontre siguiendo el link a revolucion naturalista, Gracias!
Vaya, olvidé poner mi comentario, Gen. No apruebes el anterior y pon este.
Excelente fragmento de un libro desafiante.
Un abrazo